El nombre de Calletano de Jesús Guerrero no debería ser solo una estadística más en el balance macabro de un año que se cierra. Es el recordatorio hiriente de que, incluso cuando el Estado promete protección, las sombras del crimen organizado pueden apagar una voz.

Guerrero, como tantos otros periodistas en México, cubría la nota local, la denuncia incómoda, y por ello había sido incorporado al mecanismo estatal de protección. Sin embargo, en 2025, fue asesinado. Un periodista bajo resguardo gubernamental cayó. Esta tragedia no es un efecto colateral; es el fracaso frontal de la democracia ante la impunidad totalitaria.

Con sede en París, RSF está dotada de estatus consultivo ante la ONU y la UNESCO Reporteros Sin Fronteras (RSF) es una organización que lleva **40 años actuando a favor de la independencia y el pluralismo del periodismo en todo el mundo**. Publicado anualmente desde 1995, El Informe anual Balance 2025  de RSF se basa en una metodología rigurosa que recaba información minuciosamente para afirmar con certeza que el encarcelamiento, secuestro, desaparición o muerte de un periodista es una consecuencia directa del ejercicio de su profesión. Esta metodología es esencial para la credibilidad de sus datos, los cuales se utilizan para elaborar la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa y para impulsar la defensa jurídica y política, incluyendo acciones judiciales como denuncias ante la Corte Penal Internacional (CPI).

El informe Balance 2025 de Reporteros Sin Fronteras (RSF) no deja lugar a la ambigüedad: el odio y la impunidad han hecho de este un año mortífero para la prensa global, pero la posición de México en este mapa de la ignominia debería provocar una sacudida profunda en la conciencia continental.

“El periodismo debe incomodar, el periodismo debe generar ampolla, el periodismo no es para aplaudir, el periodismo no es para echar flores, el periodismo debe causar algo en la gente. Si no, no se está haciendo bien”

– Jesús Medina, en «Estado de Silencio» / Netflix.

A esto conduce el odio: al asesinato de 67 profesionales de los medios en el mundo este año, y México se alza como el segundo país más peligroso para ejercer el periodismo, solo superado por Palestina, una zona de guerra activa bajo la violencia del Ejército israelí.

Un País en Guerra Silenciosa

En el último balance, 9 periodistas mexicanos fueron asesinados por ejercer su profesión. Si bien el grueso de los crímenes a nivel global se concentra en Gaza—donde el Ejército de Israel fue responsable de casi la mitad (43%) de los asesinatos—, las muertes en México (13% del total) tienen una raíz más insidiosa que la confrontación bélica convencional. Los reporteros mexicanos son asesinados por exponer la verdad en las trincheras de la vida diaria, denunciando el narcotráfico, la seguridad pública o la corrupción local.

El principal depredador del periodismo en México no es un gobierno extranjero ni un ejército en uniforme, sino el crimen organizado y los cárteles, responsables del 24% de los asesinatos de periodistas a nivel mundial.

El año 2025, un año después de que la presidenta Claudia Sheinbaum asumiera el cargo, se ha convertido en el más mortífero de los últimos tres para los periodistas en el país.

Este hecho anula la retórica de progreso y consolida una verdad incómoda: la impunidad permite a estos grupos criminales silenciar las voces independientes, reforzando su control sobre la información y, por ende, sobre la vida pública.

Además de los caídos, México ostenta otra estadística escalofriante que subraya su colapso institucional: es el segundo país con el mayor número de periodistas desaparecidos en el mundo (28), solo detrás de Siria (37).

Estos hombres y mujeres no son víctimas colaterales; son «testigos incómodos» a los que se ha decidido eliminar para borrar la historia que estaban contando. Como señala el director general de RSF, «los periodistas no mueren, los matan».

La Declinación del Coraje y la Injusticia Ética

La implicación ética de esta crisis va más allá de los titulares. Cada reportero asesinado o desaparecido en México es un orificio negro en el tejido social. Los periodistas que pagan el precio más alto son generalmente los reporteros locales, aquellos que conocen íntimamente las redes de complicidad entre el poder y el hampa. Al silenciarlos, se condena a comunidades enteras al oscurantismo, donde la corrupción florece sin el contrapeso de la información fiable.

Existe un factor adicional que agrava la tragedia: la indiferencia o el juicio fácil. Cuando un reportero es asesinado, se siembra la duda: “¿Qué hacía allí? Corrió demasiados riesgos”.

O peor aún, el discurso de odio promovido por fuerzas políticas y criminales lleva a considerarlos «traidores a la patria» o «lacayos de los poderosos», justificando así la eliminación de profesionales de la información. Este descrédito se convierte en el caldo de cultivo que concede un insoportable permiso para matar.

En este contexto de terror, la comunidad internacional y los gobiernos democráticos han mostrado, según Solzhenitsyn y RSF, un declive del coraje.

Las organizaciones internacionales fallan en su capacidad para proteger a los periodistas y hacer respetar la ley, y los gobiernos se limitan a «emitir declaraciones y protestas, cuando deberían desplegar políticas públicas de protección».

Preguntas Urgentes al Poder

Frente a esta realidad, es imperativo interpelar a quienes detentan el poder:

A la Presidencia de México y a las autoridades encargadas de la seguridad:

¿Por qué, a pesar de los compromisos adquiridos con RSF y la asunción de una nueva administración, 2025 se ha convertido en el año más mortífero de los últimos tres?

¿Qué significa realmente un «mecanismo de protección» si un periodista amparado por él es igualmente asesinado?.

A la Fiscalía y al sistema judicial:

Si el clima de impunidad es el principal factor que alimenta la violencia criminal contra la prensa, ¿cuántos de los 9 asesinatos de 2025 se resolverán con sentencias firmes? ¿Qué acciones concretas se implementarán para desmantelar la capacidad del crimen organizado de operar como juez y verdugo de la verdad?

A la comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos:

¿El fracaso en proteger a los periodistas, como se evidenció en la falta de aplicación de la resolución 2222 de la ONU, no es, en esencia, una abdicación de la responsabilidad global de defender la información fiable?.

La Necesidad de un Nuevo Coraje

La vida de reporteros como Salomón Ordóñez Miranda, Kristian Zavala, o Ángel Sevilla, que cayeron denunciando vínculos entre política y crimen, representa un sacrificio que no puede ser en vano. Su trabajo, silenciado por las balas y las machetes de los violentos, era nuestra única garantía de contar con información fiable.

La batalla por la seguridad de la prensa mexicana es la batalla por la supervivencia de su democracia. No podemos caer en el fatalismo.

Nuestra responsabilidad, como ciudadanos de una sociedad que aspira a ser libre, es estar al lado de quienes garantizan nuestro derecho a la verdad.

La conciencia pública debe exigir al gobierno un nuevo nivel de compromiso que trascienda la retórica y se traduzca en protección efectiva y justicia implacable. Solo así se podrá comenzar a erosionar el «permiso para matar» que hoy rige en vastas zonas del país.

La verdad es la última línea de defensa. Si permitimos que se silencien a los mensajeros, nos condenamos a la oscuridad de quienes controlan el relato a punta de pistola. Es hora de convertir la indignación en acción y el debate en vigilancia constante.

Para un análisis detallado sobre el auge del odio y la impunidad en 2025, consulte el informe completo de Reporteros Sin Fronteras en: https://rsf-es.org/balance-2025-el-odio-y-la-impunidad-hacen-de-2025-un-ano-mortifero-para-los-periodistas/