Análisis de la Ley de Movilidad, Transporte y Seguridad Vial del Estado de Morelos

Morelos, el estado de la eterna primavera, ha decidido darle carpetazo a la carreta y abrazar, por fin, la modernidad. El Periódico Oficial «Tierra y Libertad» del 25 de noviembre de 2025 (sí, el mismo que parece que imprimen con la máquina de escribir de la abuela), acaba de publicar la Ley de Movilidad, Transporte y Seguridad Vial del Estado de Morelos

Y mira, si te olvidas que es de Morelos, queda en México, hasta parece que vivimos en Dinamarca.

La iniciativa, impulsada por la gobernadora Margarita González Saravia, tiene un objetivo tan ambicioso como irreal: cambiar una ley «obsoleta» por una que garantice el derecho humano a la movilidad en condiciones de seguridad, accesibilidad y eficiencia. Es decir, se acabó la visión fragmentada y vehicular, y ahora, ¡el centro es la persona!

Pero, a ver, vamos a lo que realmente importa: el prietito en el arroz legal. Porque si algo le encanta a la burocracia, es disfrazar el cobro y el control con palabras bonitas.

La Pirámide que te Quitará la Quincena

El pilar filosófico de esta nueva joya legislativa es la famosa «Jerarquía de la Movilidad»

Olvídate de tu vochito tuneado; la nueva pirámide pone al peatón en la cima (con enfoque en personas con discapacidad y adultos mayores, para que no se diga que no somos inclusivos), seguido por el ciclista, el transporte público, y hasta el final, el vehículo particular

La Ley adopta, además, la estrategia de moda conocida como «Visión Cero», que es como decir que ninguna muerte vial es aceptable

Suena bien, salvo por el detalle de que implica que ahora sí, por ley, van a cazar a los automovilistas que, por años, tuvieron carta abierta.
Reglas que te Harán Sudar Frío (y Pagar Multas):

Adiós a la ‘Defensa Personal’: Queda expresamente prohibido instalar o usar «tumbaburros» o «mataburros» en tu vehículo, porque incrementan la severidad de las lesiones a peatones y ciclistas

Ojo, si eres de la policía, sí puedes tener tu fierro. Gracias por la precisión

Zona 30: Ya no es broma. Los límites de velocidad se ponen estrictos: 30 km/h en calles secundarias y 50 km/h en avenidas primarias sin acceso controlado.

Circular a 20 km/h sobre el límite es una infracción muy grave. O sea, si vas tarde a la oficina, ya vas infringiendo.

ERTs (Uber, Didi, el que sea) le Entra al Cuchareo: Las Empresas de Redes de Transporte (ERT) —esas que nos salvan de la tarifa dinámica del taxi convencional— por fin tienen marco legal

Pero la modernidad cuesta. Estas plataformas deberán realizar una aportación periódica al Fondo Estatal de Movilidad y Seguridad Vial equivalente a un porcentaje no menor al 1.5% del valor de cada viaje

Un impuesto que, seamos sinceros, el usuario terminará pagando.

Adiós al Hombre-Camión: La Ley busca migrar del viejo esquema de concesión individual («hombre-camión») a modelos de gestión corporativa tipo Ruta-Empresa

El objetivo, según el texto, es que el transporte público sea «digno y eficiente». Las concesiones nuevas serán de un máximo de diez años, y los concesionarios deberán tener flota renovada, sistemas de recaudo centralizado y cámaras de videovigilancia. Un «Plan Maestro de Transición» se publicará para definir los incentivos y plazos

Los Reyes de Dos Ruedas y el Score de la Vergüenza

Y ya que hablamos de vehículos que van rápido, la Ley no se olvidó de los motociclistas, esa noble especie que hoy debe circular usando casco certificado y, agárrate, ocupando el carril completo (¡adiós al arte milenario de pasar entre autos parados!)

Ya no podrán llevar menores de 12 años, ni nada que no alcance timbre, el lavabo o el posapié de la moto, y que no se pueda sostener por sí mismo.

Brindemos por la nueva Ley, pero con cerveza 0 Cero, ya que La ley te castiga con cero tolerancia si eres transporte público o de carga y, si vas en moto, el límite de alcohol en aire espirado (0.1 mg/L) es más estricto que para el automovilista particular.

En el otro extremo están los de la micromovilidad eléctrica (los scooters y las nuevas «bicimotos eléctricas ligeras»), que son los nuevos niños bonitos de la movilidad sostenible; son vehículos de baja potencia que deben circular preferentemente por infraestructura ciclista (que no hay) y tienen prohibido circular por banquetas, con velocidades máximas de 25 km/h para la micromovilidad y límites específicos para las bicimotos y cuyos conductores deberán usar un casco certificado y contar con una Licencia Tipo B, la misma que se requiere para manejar una motocicleta.

Finalmente, para garantizar que nadie se haga el loco, el Estado implementó la guillotina moderna: el Sistema de Puntos en la Licencia. Este funciona como tu Score de crédito vial: si pierdes todos tus puntos por infracciones muy graves (como excederte 20 km/h de velocidad o volver a caer en el alcohol), tu licencia se va a suspensión o cancelación definitiva.

La Cruda Verdad de la Dualidad Morelense (La contradicción que Nadie vio)

Aquí es donde entra el análisis político de alto calibre y el sarcasmo nivel “no es broma, pero debería serlo”.
Mientras en las páginas centrales del Periódico Oficial el Congreso aplaudía la «Visión Cero» y la prioridad al peatón, en las páginas iniciales, se aprobó el Decreto Número Novecientos Treinta y Nueve

¿Qué es eso? La autorización para extender por otros 20 añitos (el plazo original) la concesión de la autopista estatal de cuota denominada «Autopista Siglo XXI», tramo Huazulco-Jantetelco, a favor de la empresa “Región Central de Autopistas, S.A. de C.V.”

A ver si entendimos el concepto de «movilidad moderna» en Morelos:

  1. Se decreta, solemnemente, que el derecho humano es la movilidad activa (caminar y la bicicleta)
  2. Se crea una Coordinación General con autonomía técnica para la «planeación integral y transversal»
  3. La Legislatura le regala (a cambio de 120 millones) dos décadas más a la iniciativa privada para operar 6.5 km de autopista de cuota
  4. ¿La justificación para favorecer la inversión privada del asfalto? Que la autopista es rentable para el Estado, que facilita el flujo de bienes entre los puertos de Veracruz y Acapulco, y que transferir el riesgo operativo al privado permite al gobierno enfocarse en «funciones de mayor prioridad social (educación, salud, seguridad)»

Es decir, con una mano se abrazan los principios de sostenibilidad del siglo XXI, para que caminemos felices y sin «tumbaburros», mientras que con la otra se garantiza el negocio del carro particular y el transporte de carga por cuota, asegurando que la única «eficiencia» real es la financiera: $120.4 millones de pesos de contribución inmediata por la ampliación de la concesión

Conclusión (y Risa Amarga):

La nueva Ley de Movilidad de Morelos es un documento de vanguardia que dicta que el peatón manda y que la vida es sagrada. Pero este mismo Periódico Oficial nos recuerda que el asfalto y las casetas de cobro son más sagrados todavía. El estado de Morelos está poniendo a la persona en la punta de la pirámide de la movilidad, sí, pero solo si esa persona puede pagar la cuota de la autopista y el 1.5% extra de su Uber.

El espíritu de la nueva Ley de Movilidad, al final, es como un coche autónomo (VCA, regulado, por cierto, en el Título Quinto): tiene mucha inteligencia artificial, pero al primer bache de realidad política, solo te queda preguntarte quién es el verdadero responsable. Y en Morelos, ese responsable acaba de asegurar sus ganancias por 20 años más, mientras que el de peatón tendrá que pagar 1.5% si quiere usar transporte privado