Durante estos días, Oaxtepec se convirtió en sede de una competencia nacional de básquetbol 3×3. No estamos hablando de un torneo pequeño ni de una competencia local. Es el Hoop it up 3×3 México.
La organización 3×3 México se presenta como el órgano rector del circuito 3×3 en México y señala que sus eventos forman parte del circuito oficial FIBA. Para esta Final Nacional se anunció la participación de equipos de distintos estados del país y una comunidad que incluye jugadores, familiares y acompañantes.
Y detrás de cada jugador hay una familia.
Hay padres y madres que pagan transporte, inscripción, uniformes, alimentos y, en muchos casos, hospedaje.
La convocatoria establece que los equipos deben cubrir sus propios gastos de hospedaje y alimentación. Es decir, participar en una competencia nacional ya representa un esfuerzo económico importante para cualquier familia.
Pero este año apareció otro costo.
El acceso.
Y aquí quiero ser muy precisa: de acuerdo con la información que he podido corroborar directamente con participantes, los jugadores no pagan este acceso porque ya cubrieron su inscripción por categoría, al rededor de $4,700 por equipo (3-4 jugadores por equipo).
El esquema que se está aplicando es de 120 pesos diarios por automóvil y 40 pesos por cada adulto que ingresa dentro del vehículo.
Y aquí es donde los números comienzan a contar una historia distinta.
Tomemos el caso de un solo club.
Llevó ocho equipos desde la categoría de 14 a 17 años, cuando hay categorías da partir de los 8 años hasta los 23, la categoría libre/elite y veteranos en femenil maxi35+ y Maxi 40+ varonil
Cuatro jugadores por equipo. Estamos hablando de 32 niños. Si cada niño lleva, en promedio, dos acompañantes: 64 adultos. Noventa y seis personas en total.
Los jugadores no pagan este acceso. Pero los 64 adultos sí. 64 por 40 pesos son 2 mil 560 pesos diarios.
Durante cuatro días: 10 mil 240 pesos.
Y todavía falta el automóvil. Si ese club utilizara, por ejemplo, 20 vehículos diariamente, serían otros 2 mil 400 pesos cada día. Durante cuatro días: 9 mil 600 pesos.
En ese escenario, un solo club habría desembolsado 19 mil 840 pesos adicionales únicamente por concepto de acceso durante los cuatro días.
Y repito:
Estamos hablando solamente de entrar.
¿Cuánto cuesta realmente para una familia apoyar a su hijo en el deporte competitivo?
Porque una cosa es que una empresa privada cobre por sus servicios.
Y otra muy distinta es que, sumados todos los conceptos, participar en un evento deportivo nacional se vuelva cada vez más inaccesible para las familias.
Pero el problema no termina en el dinero
Porque también hay testimonios sobre la forma en que se está manejando el acceso.
Familias y participantes me refirieron que el personal encargado exclusivamente de controlar las entradas ha tenido, en distintos momentos, un comportamiento prepotente, grosero e intimidatorio.
El primer día, de acuerdo con los testimonios recabados, clubes completos permanecieron durante más de una hora bajo el sol mientras se terminaban los registros y se colocaban los brazaletes.
Si los clubes tienen horarios distintos de llegada, ¿por qué los niños tienen que esperar hasta que esté registrado todo el grupo?
Estamos hablando de menores. Deportistas. Niños que llegaron a competir. No a pasar una hora bajo el sol esperando que alguien decidiera si podían entrar.
Por supuesto que un evento nacional necesita protocolos y debe existir un control de acceso. El problema no es el protocolo. El problema es la manera de aplicarlo.
Una cosa es decir: “Necesitamos que complete su registro”.
Y otra muy distinta es hacer sentir a una familia que, si no tiene el brazalete, su hijo se quedará fuera del acceso a su partido como ocurrió al principio, ademas de que los niños no pueden jugar con ningún tipo de brazalete.
Y quiero hacer una precisión importante: no estoy señalando a todo el personal de Dorados. Hablo específicamente del personal encargado del acceso y de los testimonios que nos han hecho llegar participantes y familias.
Porque los trabajadores ejecutan instrucciones.
La pregunta es:
¿Quién diseñó el protocolo?
¿Quién decidió las tarifas?
¿Quién capacitó al personal?
¿Quién supervisó la operación?
Y, sobre todo:
¿Quién decidió que ésta era la manera adecuada de recibir a niños y familias que llegaron a Morelos para participar en una competencia nacional?
Dorados tiene derecho a hacer negocio, Dorados es una empresa privada. Incluso es perfectamente legítimo que aproveche comercialmente la llegada de un evento deportivo.
El problema no es que haga negocio.
El problema es preguntarnos hasta dónde llega el negocio y dónde empieza la responsabilidad social cuando hablamos de deporte infantil y juvenil.
Porque Pedro Pacheco Arena no es un empresario ajeno a esta historia. Ha sido identificado públicamente como gerente comercial de Grupo Dorados Conventions & Resort.
Y hay otro dato que inevitablemente cambia la lectura. En mayo de este año se hizo pública su intención de buscar la candidatura de Morena a diputado federal por el Distrito V, con cabecera en Yautepec.
Y aquí debemos ser absolutamente claros.
No existe, con la información que tenemos, evidencia para afirmar que los cobros de acceso estén destinados a una eventual campaña política.
Tampoco estoy diciendo que exista una ilegalidad.
Ni que Pedro Pacheco esté utilizando el torneo con fines electorales.
No tenemos elementos para sostener ninguna de esas afirmaciones.
Pero sí tenemos derecho a formular una pregunta pública.
Porque cuando un empresario decide entrar a la política, sus decisiones empresariales empiezan a observarse también desde otra perspectiva.

¿Qué mensaje manda alguien que aspira a representar políticamente a una región cuando, en un evento deportivo que se realiza en su propio espacio empresarial, las familias terminan pagando cada día por entrar y además denuncian un trato hostil en la puerta?
Y aquí también tiene que entrar el Estado
Pero sería demasiado sencillo poner toda la responsabilidad sobre Dorados.
Y el Gobierno de Morelos:
¿Dónde está?
No creo que la solución sea que el secretario del Deporte llegue a una empresa privada a decirle cuánto puede cobrar por estacionar un automóvil.
Eso requeriría facultades jurídicas específicas y no podemos inventarlas.
Pero sí creo que el Estado tiene otra responsabilidad:
crear las condiciones para que eventos como éste sean una verdadera política de turismo deportivo para Morelos.
Porque si llegan equipos de todo el país, llegan familias.
Y si llegan familias, llegan consumidores.
Se ocupan habitaciones, se consumen alimentos, utilizan transportes. Se genera actividad económica.
Entonces, ¿por qué Turismo no debería aprovecharlo?
¿Por qué no generar convenios con restaurantes y hoteles?
¿Por qué no coordinar seguridad, movilidad y transporte?
¿Por qué no facilitar que las familias que vienen a ver jugar a sus hijos conozcan algo más que la cancha y el estacionamiento?

El Gobierno no tiene necesariamente que pagar la fiesta.
Tiene que saber aprovecharla.
Porque una vocación deportiva puede comenzar ahí.
Una niña puede ver jugar a otra y decir:
“Yo quiero hacer eso”.
Un niño puede descubrir que tiene talento.
Un entrenador puede encontrar una oportunidad.
Un club puede encontrar un patrocinador.
Una familia puede descubrir que el deporte puede ser una alternativa para sus hijos.
Eso también es política pública.
Y eso no se mide solamente en número de partidos.
Se mide en oportunidades.
Morelos podría estar jugando otro partido, tenemos una ubicación privilegiada, una infraestructura turística, hoteles, gastronomía, balnearios, pueblos mágicos, cultura, y tenemos la posibilidad de recibir eventos deportivos de alcance nacional e internacional.
Entonces, ¿por qué no construir una estrategia para que los organizadores quieran regresar?
¿Por qué no hacer que las familias que vienen de otros estados se vayan diciendo:
“Qué buen torneo y qué buen estado; quiero volver”?
Y no:
“Qué caro fue entrar”.
Porque el turismo no empieza en la habitación del hotel.
Empieza desde la puerta.
Y la experiencia de un visitante tampoco termina cuando acaba el partido.
Se lleva consigo cómo lo trataron.
Por eso también me parece válido preguntarle al responsable del deporte en Morelos:
¿Hubo coordinación con Turismo?
¿Hubo alguna estrategia para aprovechar la llegada de miles de personas?
¿Hubo gestión con los organizadores?
¿Se revisaron las condiciones de acceso?
¿Se habló sobre el impacto que estos cobros pueden tener en las familias?
¿Existe una estrategia para atraer más eventos de esta magnitud?
Porque si la respuesta es simplemente que cada quien haga su parte y el Gobierno observe, entonces estamos haciendo política pública como quien mira un partido desde la tribuna.
Y Morelos ya no necesita espectadores, mucho menos mas mala reputación.
Pedro Pacheco Arena quiere entrar a la política, pero algunas familias aprendieron que antes hay que pasar por caja.
En una empresa, el cliente paga y se va.
En democracia, el ciudadano también paga.
Pero paga con algo mucho más valioso:
su confianza.
Y esa confianza hoy dia, no tiene brazalete de entrada.