Hoy voy a escribir desde mi experiencia y desde mi conocimiento del sistema educativo de Morelos.
La llegada de Carlos Franco Ruiz al frente del IEBEM puede ser una oportunidad.
Pero también puede convertirse en un nuevo capítulo de la misma historia si no se entiende algo elemental: al director del IEBEM hay que dejarlo dirigir.
Y lo digo como maestra de historia, haciendo referencia a hechos no muy instalados en el pasado. A Leandro Vique no le permitieron construir su propio equipo.
Llegó al IEBEM prácticamente solo y, desde distintos frentes, comenzaron a colocarle personas y estructuras que respondían a intereses diferentes: por un lado, el sindicato; por otro, el gobierno.
No tuvo realmente la oportunidad de construir un equipo propio, con conocimiento técnico del sistema y con una visión homogénea de lo que necesitaba la educación básica.
Y cuando un director llega sin equipo, alguien más termina tomando las decisiones. Eso es justamente lo que Carlos Franco tendrá que evitar.
Porque durante el periodo de Raúl Aguirre Espitia los problemas no desaparecieron. Se acumularon, síntoma de quien sabe obedecer, pero no toma decisiones por si mismo, y me atrevo a decir, con conocimiento de causa, que así actúan algunos que ingresaron de Bachilleres o Conalep y que ahí están, replicando “indicaciones” en el IEBEM sin darle sentido a su puesto.
En octubre de 2025, a menos de un mes de haber asumido el cargo, el propio Espitia reconocía que al menos cinco planteles habían sido tomados por padres de familia.
Después vinieron más conflictos: escuelas en todos los subsistemas tomadas por padres, protestas de trabajadores, reclamos por plazas, problemas de pagos, exigencias por infraestructura, conflictos en las normales (dos) y, finalmente, movilizaciones que llegaron hasta las puertas del propio IEBEM.
No todos esos problemas pueden atribuirse personalmente a Espitia. Pero durante su gestión, muchos de los problemas que ya existían no encontraron una solución suficientemente rápida y otros terminaron escalando.
Y eso, en educación básica, tiene consecuencias.
Porque el IEBEM no es una oficina cualquiera. No es una secretaría política. No es una dependencia donde una decisión pueda esperar tres días porque el superior está en una gira, en un evento o en otra reunión.
En educación básica las decisiones ocurren mientras la escuela está abierta; a las siete de la mañana, a las diez, en el recreo, cuando un maestro no llega, cuando el director se enferma o ausenta, cuando falta un intendente, cuando una plaza no aparece, cuando hay conflictos entre maestro, cuando un alumno está en riesgo, cuando un supervisor necesita una respuesta.
La escuela no puede esperar a que alguien consulte al superior.
Y aquí está la diferencia que, desde mi perspectiva, no se ha entendido suficientemente: el IEBEM y una secretaría de gobierno no funcionan igual.
Educación básica necesita funcionarios que conozcan la operación, que sepan qué puede resolverse inmediatamente, qué requiere una ruta jurídica y qué simplemente no puede esperar.
Necesita gente que tenga conocimiento de causa, no solamente gente que sepa obedecer. Porque para replicar instrucciones puede servir cualquiera. Para tomar decisiones educativas no.
Y esa es precisamente mi percepción con Carlos Franco.
Él sí conoce el sistema. Los registros del propio IEBEM acreditan que fue docente de secundaria técnica durante al menos 25 años.
Por eso la pregunta que deberíamos hacerle a la secretaria de Educación, Karla Aline Herrera Alonso, no es si confía en Carlos Franco.
Es otra: ¿Está dispuesta a dejarlo trabajar?
Porque el IEBEM es un organismo público descentralizado, con personalidad jurídica y patrimonio propios. Su decreto de creación le confiere atribuciones para dirigir, administrar, operar y supervisar la educación básica del estado. La coordinación con la Secretaría de Educación está prevista; la sustitución de las funciones propias del Instituto es otra cosa.
Y aquí quiero detenerme en algo que para mí tiene enorme importancia: las formas importan…  y mucho.

En política, la forma es fondo. Y hoy la gobernadora Margarita González Saravia entregó el nombramiento de Carlos Franco en presencia de la secretaria de Educación. Quiero pensar que esa imagen significa exactamente lo que debería significar: comunicación directa, coordinación institucional y respeto a las atribuciones de cada instancia.
Ojalá!.

Porque si Carlos Franco llega con la experiencia de un maestro, pero las decisiones siguen tomándose alrededor de él, entonces no habremos cambiado el problema.
Solamente habremos cambiado al hombre que ocupa la silla.
Y la docencia ya no quiere que eso ocurra.

Hoy se requiere que Carlos Franco tenga la oportunidad de demostrar si sus 25 años en el sistema educativo sirven para hacer valer el papel del docente que tan golpeado esta, redignificar al maestro frente a grupo, sentarse con el equipo directivo en conjunto, no por separado. Definir los límites de actuación de padres, de alumnos, de personal, pero sobre todo del SINDICATO… ese sindicato que debe respaldar los derechos del trabajador, no quitar directivos, quitar maestros, acomodar listados, encubrir delincuentes.

Quiero verlo tomar decisiones. Y quiero verlo decir  NO cuando una decisión no corresponda.
Porque si algo le ha hecho daño al IEBEM es que demasiadas veces se ha confundido la lealtad política con la capacidad técnica.
Y educación no funciona así.
Un director de educación básica no puede estar preguntando a cada momento qué piensa alguien que está lejos de la escuela.
Tiene que saber qué hacer, y tiene que poder hacerlo.
Por eso, Carlos, si me permites decírtelo desde este espacio:
que te dejen trabajar.
Porque si te van a hacer responsable de las decisiones, también deben darte autoridad para tomarlas.
Y a quienes tengan la tentación de volver a llenar el IEBEM de personas que llegan sin conocer la operación, solamente porque son cercanas al gobierno o porque responden a algún interés sindical, habría que recordarles algo muy sencillo:
una escuela no se administra con lealtades. Se administra con conocimiento.
Y los alumnos no pueden esperar a que los funcionarios aprendan.
Los maestros tampoco.
Morelos ya perdió demasiado tiempo en eso.
Ahora sí sería bueno que, por una vez, el que tenga el nombramiento tenga también el mando.
Porque si no…
¿para qué nombramos director?