Gobernadora Margarita González Saravia:
Le escribo desde una preocupación que va mucho más allá del conflicto que hoy atraviesa al IEBEM.
No quiero hablarle solamente de las protestas, de las constancias de SICAMM, del paro indefinido ni de los desencuentros que se han acumulado en los últimos meses. Quiero hablarle de algo más profundo: lo que está pasando con la conducción educativa del Estado. Porque el IEBEM no es una oficina administrativa más de su gobierno. Es el organismo responsable de la educación básica de Morelos.

Y en educación básica se construyen las bases sobre las que después tendrá que trabajar todo el sistema educativo. Ahí se aprende a leer, a escribir, a comprender, a razonar matemáticamente, a acercarse a la ciencia, a convivir, a resolver problemas y a aprender haciendo. Por eso me parece indispensable que revisemos qué está ocurriendo con una de las áreas más importantes del Instituto: DESARROLLO EDUCATIVO.

El Estatuto Orgánico del IEBEM establece que Desarrollo Educativo debe coordinar los diferentes niveles educativos, evaluar integralmente el proceso educativo, verificar el nivel real de conocimiento de los alumnos, detectar necesidades de capacitación, diseñar y evaluar programas, fomentar la investigación educativa e identificar las causas de la deserción, la reprobación y el bajo aprendizaje para diseñar medidas correctivas.

Es decir, Gobernadora: Desarrollo Educativo debería ser el cerebro pedagógico del IEBEM. Debería ser el espacio donde la política educativa se estudia, se contextualiza, se articula y finalmente se convierte en acciones concretas para las escuelas. No solamente donde se reciben instrucciones federales para después repartirlas, o, peor aún, convertirse en el equipo de staff de la Secretaría de Educación.

Y aquí es donde quiero hacerle una observación que considero de la mayor importancia. Quienes conocemos la escuela sabemos que los problemas que llegan a las Direcciones operativas muchas veces no nacieron ahí. Llegan porque antes faltó diagnóstico, faltó articulación, faltó acompañamiento, faltó una estrategia común. Cuando Desarrollo Educativo funciona correctamente, las áreas operativas pueden hacer aquello para lo que fueron creadas: operar, supervisar, acompañar y resolver.

Pero cuando esa función articuladora no existe, cada área termina intentando resolver por su cuenta y como puede, duplicando funciones, duplicando esfuerzos; y, al final, quien recibe todo eso es la escuela. Una circular, un formato, una plataforma, un curso, una encuesta, una reunión u otra solicitud de información.

Y el director, el supervisor y el docente terminan dedicando una parte creciente de su tiempo a responder a la administración, en lugar de dedicarlo a lo verdaderamente importante: que los alumnos aprendan.

El propio Estatuto establece que Desarrollo Educativo debe trabajar conjuntamente con las áreas del Instituto para diseñar soluciones a las problemáticas detectadas. No debería existir una colección de pequeñas oficinas funcionando como islas, con personas que desconocen lo que implica una jornada en el aula; debería existir un sistema, y el sistema necesita coordinación.

Gobernadora, debemos reconocer que dirigir un plantel de educación media superior y conducir el Desarrollo Educativo de todo el sistema de educación básica son responsabilidades distintas. No porque una sea más importante que la otra. Sino porque son diferentes. La educación media superior recibe a jóvenes que ya atravesaron preescolar, primaria y secundaria. Desarrollo Educativo del IEBEM, en cambio, tiene que mirar toda esa trayectoria desde el principio.

Tiene que preguntarse:
¿Por qué un niño no está aprendiendo a leer?
¿Por qué otro termina primaria con dificultades matemáticas?
¿Por qué una secundaria tiene determinado nivel de abandono?
¿Por qué en una región funciona una estrategia y en otra no?
¿Qué necesitan realmente los maestros?
¿Qué requieren los directores?
¿Qué está ocurriendo con la inclusión?
¿Qué pasa con la convivencia?
¿Qué intervención necesita cada modalidad?
Y, sobre todo:
¿cómo sabemos que lo que estamos haciendo está funcionando?

Porque gobernar la educación sin medirla es solamente administrar actividades. Y Morelos necesita mucho más que actividades. Necesita resultados.

Durante los últimos años hubo personas que intentaron aportar algo distinto. No solamente opiniones, no solamente diagnósticos de escritorio. Se presentaron experiencias concretas con resultados reales, pilotajes que probaron metodologías, se realizaron intervenciones directas en escuelas, se trabajaron problemas específicos, generando herramientas para intervenir de manera focalizada y no mandar el mismo tratamiento a todas las escuelas, como si todas tuvieran el mismo problema, y se observaron resultados. Bueno… esto último ya no se logró.

No porque se hubiera demostrado que no funcionaba, sino, hasta donde se pudo observar, por una decisión administrativa derivada de una falta de afinidad entre grupos; ni siquiera se comunicó una evaluación técnica de resultados.

Y aquí sí quiero detenerme.
Porque cuando una administración desecha un proyecto que no funciona, eso es gobernar. Pero cuando desecha un proyecto sin medirlo, eso es perder información. Y cuando, además, ese proyecto ya había generado experiencias concretas en escuelas, se pierde algo todavía más valioso: conocimiento institucional.

Cada administración debería recibir lo que funcionó de la anterior, perfeccionarlo y construir sobre ello, no empezar de cero cada vez que cambia una persona. Porque quienes atendemos la enseñanza sabemos que las escuelas no empiezan de cero; los niños tampoco.

Gobernadora, hay algo que quizá resulte incómodo, pero es indispensable decirlo.
En educación no todo puede resolverse con nuevas personas. También hay que preguntarse qué conocimiento estamos tirando a la basura. Cuántas experiencias, cuántas horas de trabajo de docentes, directores, supervisores y equipos técnicos. Cuántas soluciones que quizá no eran perfectas, pero que pueden perfeccionarse.

Una política educativa seria no debería preguntar: “¿Quién hizo esto?”. Debería preguntar: “¿Funcionó?” Y, si funcionó, mejorarlo. Si no funcionó, demostrar por qué. Y, si funcionó parcialmente, corregirlo. Eso es gestión basada en evidencia.

Hay otra razón por la que esto debería preocuparnos.
El Programa Sectorial de Educación 2025-2030 de Morelos habla de diagnósticos propios, datos duros, indicadores, seguimiento y corrección. El propio Gobierno reconoce que necesita conocer lo que sucede en las escuelas para tomar decisiones pertinentes. Entonces la pregunta es: ¿Dónde está hoy ese diagnóstico?

No el diagnóstico general de un documento. El diagnóstico operativo. El que permite saber qué está pasando en una primaria de Cuautla, en una secundaria de Tlaquiltenango, en una escuela de la zona oriente o en una comunidad indígena.

Porque no todas las escuelas tienen el mismo problema. Y por eso no todas necesitan la misma solución. Una buena política educativa no llega a la escuela diciendo: “Este es el programa”. Llega preguntando: “¿Cuál es su problema y qué evidencia tenemos para intervenirlo?” Porque los expertos en educación saben y conocen cómo debe tratarse cada problemática, acompañan y asesoran al personal educativo, miden y contrastan resultados. Eso fue precisamente lo que buscaron hacer aquellos pilotajes que dejaron en el olvido.

Y aquí aparece PISA.
No para decir que PISA mide Morelos, porque no lo hace. Pero sí para recordar que México tiene una señal de alarma que no podemos ignorar. En PISA 2022, solo 34 por ciento de los estudiantes mexicanos alcanzó al menos el nivel básico de desempeño en matemáticas; en lectura fue 53 por ciento y en ciencias, 49 por ciento. Eso significa que tenemos una pregunta nacional.
Pero Morelos necesita construir su propia respuesta. Porque, si no sabemos dónde están nuestras dificultades antes de que los alumnos lleguen a los 15 años, entonces estamos esperando demasiado. Y precisamente para eso existe Desarrollo Educativo: para mirar antes, diagnosticar antes, intervenir y medir.

Gobernadora:
Creo que el nuevo director del IEBEM, quienquiera que sea, tiene frente a sí una oportunidad que va mucho más allá de resolver una crisis política o administrativa. Tiene la oportunidad de reconstruir el Instituto como sistema.

Pero, para hacerlo, necesita un Desarrollo Educativo que cumpla realmente la función para la que fue creado. Que articule, que escuche a los niveles, que conozca las escuelas, que recupere el conocimiento de quienes ya llevan camino en el surco, que evalúe antes de cancelar, que mida antes de presumir, que diagnostique antes de capacitar sin ton ni son. Y, sobre todo, que acompañe antes de exigir asistencia a un evento.

Porque, si Desarrollo Educativo funciona correctamente, las áreas operativas pueden volver a hacer su trabajo. Y, si las áreas operativas hacen su trabajo, las escuelas pueden volver a hacer el suyo: enseñar.

No quiero que esta reflexión se interprete como una defensa de personas. Es exactamente lo contrario. Es una defensa de la educación pública. Y por eso creo que hay una revisión que su gobierno debería hacer:
¿Qué programas, pilotajes, diagnósticos e intervenciones realizadas durante el último año produjeron resultados y cuáles fueron desechados?
¿Quién evaluó esos resultados?
¿Con qué indicadores?
¿Qué se conservó como conocimiento institucional?
¿Qué se perdió?

Y una pregunta todavía más importante:
¿Qué está haciendo hoy Desarrollo Educativo para que todas las áreas del IEBEM trabajen bajo una misma política educativa y no como oficinas independientes?

Porque, por más que leo y releo los indicadores en el informe de CUENTA PÚBLICA, no encuentro resultados directos. Y se lo pongo de otra manera: convocar a todos los supervisores y directores a una capacitación sobre protocolos de actuación no garantiza que los docentes, trabajadores sociales, padres y alumnos, por ósmosis, conozcan y sepan qué tienen que realizar, ni que entiendan los límites de actuación; pero así funciona su indicador. Y, peor aún, si cada subsistema trabaja por su cuenta, la escuela termina haciendo el trabajo de todos. Y eso no es coordinación, es transferencia de responsabilidades hacia abajo.

Gobernadora, Morelos no necesita que cada sexenio se invente una educación nueva. Necesita que el Estado aprenda de lo que ya sabe. Que conserve lo que funciona. Que corrija lo que no. Y que deje de confundir movimiento con avance. Porque en educación podemos organizar cien reuniones y no mover un solo indicador. Podemos impartir mil cursos y no cambiar un solo aprendizaje. Podemos llenar archivos de diagnósticos y seguir sin conocer lo que ocurre en un salón.

La escuela no necesita más burocracia. Necesita dirección pedagógica. Y, si Desarrollo Educativo realmente asume esa responsabilidad, puede convertirse en el articulador que el IEBEM necesita. Si no, seguiremos teniendo muchas áreas trabajando… pero no necesariamente un sistema educativo trabajando como sistema.

Y quizá esta sea la paradoja más dolorosa: tenemos un Estatuto que dice cómo debe funcionar el Instituto, un Programa Sectorial que dice qué debemos alcanzar y maestros que todos los días hacen su parte. Lo que falta demostrar es si quienes administran el sistema están logrando que todo eso confluya en el único lugar donde finalmente importa: el aprendizaje de nuestros niños y jóvenes.