Hay informes políticos que uno escucha y sale con una calculadora mental.
¿Cuántas iniciativas?
¿Cuántas gestiones?
¿Cuántos millones?
¿Cuántas reformas?
¿Cuántos discursos?

Y hay otros de los que uno sale pensando en algo completamente distinto.
Eso me ocurrió esta tarde en el Teatro Narciso Mendoza, durante el segundo informe de actividades legislativas de Cindy Winkler.
Salí con una palabra dando vueltas en la cabeza.
Orgánico.

Fue la palabra que utilizó mi compañero de al lado y, mientras avanzaba el evento, pensé que tenía razón.

Porque el informe estuvo bien narrado, bien argumentado y bien expuesto. Winkler presentó su trabajo legislativo y de gestión, habló de las iniciativas que ha impulsado y de las comisiones en las que participa. El Sistema de Información Legislativa la identifica como diputada federal de mayoría relativa por el Distrito 3 de Morelos y registra su participación en Presupuesto y Cuenta Pública, Hacienda y Crédito Público y Seguridad Social.

Antes del informe, ella misma había señalado que durante sus dos primeros años había presentado 26 iniciativas y que buscaría cerrar su tercer año legislativo incrementando su actividad y manteniendo el trabajo territorial.

Todo eso importa; por supuesto que importa. Pero lo mas interesante estuvo a su alrededor. En las butacas, los pasillos, en la forma de los saludos, en la gente que asistió. Porque si algo llamó mi atención fue la cantidad de personas que llegaron no solamente a escuchar a una diputada, sino a acompañar a una persona de manera muy natural uno a uno se fueron sumando Ayudantes municipales, Presidentes municipales, funcionarios de diferentes municipios, Compañeros de bancada, Diputados de otros estados y políticos de distintos partidos.

En tiempos en los que la política suele funcionar como una colección de compartimentos, verlos coincidir en un mismo lugar resultaba, por lo menos, interesante.

Pero hubo algo todavía más llamativo; la frase, una y otra vez: “Vengo a acompañar a una gran amiga… Vengo a acompañar a una gran profesional.”

¿Cuánto tiempo hacía que no escuchaba eso en un informe político sin que inmediatamente apareciera el apellido de una elección, una candidatura o una alianza?
No sé si esas amistades sobrevivirán a todas las coyunturas políticas. No sé si todos quienes estuvieron ahí estarán mañana en el mismo proyecto. Y sería ingenuo afirmar que en política no existen intereses. Claro que existen.
La política también está hecha de intereses, acuerdos, aspiraciones y estrategias. Pero hay otra dimensión que pocas veces aparece en las fotografías oficiales: la dimensión humana. Y eso fue lo que yo vi hoy.

No puedo saber qué hay en el corazón o en la agenda de cada persona que asistió.
Pero sí puedo describir lo que estaba frente a mis ojos: Una mujer rodeada de personas de diferentes sectores y filiaciones. Personas que, por lo menos esta tarde, decidieron estar ahí. Y eso me llevó a pensar en una palabra que hemos ido perdiendo del vocabulario político: lealtad.

No la lealtad partidista, esa es otra cosa… la lealtad personal, la que se construye con los años. La que no depende exclusivamente de quién tiene el cargo, la que sobrevive a las fotografías oficiales, la que se demuestra apareciendo. Pero sobre todo la lealtad a la persona misma como ser humano, y ver a una diputada de cara a su hija, a su mamá hizo cambiar completamente el escenario, no estaba hablando la diputada, no se leyó ningún discurso. Habló la mujer, la hija, la madre y la profesional. La persona que tiene que regresar a casa después de la política y quizá ahi está la verdadera dimensión d ocupar un cargo público. Porque cualquier político puede aprender a dar un discurso, manejar cifras, sonreír para una fotografía. Lo verdaderamente difícil es construir una trayectoria que pueda mirarse de frente.

Y aquí hago una pausa. Porque si creo que hay algo que vale la pena observar: La forma en que una persona llega a un lugar dice mucho de cómo ha construido su camino, y esta tarde, Cindy Winkler llego a su informe acompañada no solamente por estructura política, había gente que parecía querer estar, se sintió en el ambiente y eso, al menos para mí, fue lo inesperado.

Quizá Cindy tenga aciertos y errores. Quizá haya quien esté de acuerdo con ella y quien no soporte su manera de hacer política. Eso forma parte de la democracia.
Pero hay algo que me parece imposible no reconocer después de observar lo ocurrido esta tarde: ha construido alrededor de sí una red humana que atraviesa colores políticos y posiciones sociales.
Y esa red no se construye en seis meses, ni se consigue con un espectacular, o se compra con un aplauso; se construye con el tiempo, con el trato, la presencia, coincidencias, desencuentros, con historia, con esa cosa tan anticuada que algunos políticos parecen haber olvidado: Cumplir la palabra.

Hoy no salí del Teatro Narciso Mendoza pensando solamente en las 26 iniciativas de una diputada.
Salí pensando en algo mucho más sencillo:
¿Qué queda de nosotros cuando dejamos de ser lo que dice nuestra credencial?
Y quizá esa sea la verdadera prueba de cualquier servidor público: poder mirar de frente a quienes conoce desde antes del cargo y a quienes estarán ahí después de él.

Hoy Cindy Winkler rindió cuentas como diputada.
Pero, sin proponérselo necesariamente, también mostró otra cosa: cómo se ve una política cuando todavía puede reconocerse a la persona detrás del cargo.
Y eso sí me dejó un buen sabor de boca; porque, en medio de una política acostumbrada a sumar votos, estructuras, grupos y posiciones, esta tarde vi algo diferente: personas sumándose a personas.

Y quizá esa sea la única suma que, cuando llega el momento de apagar las luces, verdaderamente importa. Porque en política todos quieren padrinos. Todos quieren aliados. Todos quieren estructura. Todos quieren votos.
Pero hay una pregunta que nadie puede maquillar: ¿quiénes te acompañan cuando simplemente eres tú?

Esta tarde, en Cuautla, la respuesta estaba sentada en el Teatro Narciso Mendoza.
Y hasta la política —que normalmente necesita tantas explicaciones— por un momento pareció bastante sencilla. Uno llega con un cargo. Pero se va con lo que construyó como persona. Y eso, para un político, quizá sea el informe más difícil de rendir. Esta tarde una mujer que lo dijo en voz alta: No soy política, logró lo que muchos políticos quisieran lograr, tener un acompañamiento real… orgánico!.